9.26.2012

Sobre Eros y Tara


En las regiones montañosas la vida es más dura, la guerra entre tribus diezma constantemente a todos los pueblos, un conflicto sin un solo ganador, pues aquellos que el día de hoy saquean. el día de mañana son muertos por las armas de la venganza, el triste ciclo de la codicia y la ira. En una de las tribus de las faldas montañosas vivía Eros, valiente guerrero de mil victorias, un combatiente que de haber nacido en un gran reino rápidamente habría conseguido el favor de los mejores caudillos, era el hombre más temido de la región, pero no era suficiente para evitar los conflictos, su talento con las armas era al mismo tiempo su maldición, condenado a alimentar los fuegos de la guerra por siempre, después de todo que es de un guerrero sin ella?

Con el tiempo el valiente Eros fue volviéndose tan frio como los campos donde derramaba la sangre de sus enemigos, cada vida que quitaba hacia que la propia perdiera brillo, fueron campañas constantes para bloquear las rutas de los invasores y así proteger las villas vecinas, largas campañas donde tomo muchas vidas, esa era la vida de Eros.

Fue en una de esas villas que conoció a Tara, la misericordiosa, justo cuando le brindaba algunos cuidados a un prisionero herido.

-Por que pierdes tu tiempo aliviando a quien merece morir de todas formas?- le pregunto Eros con desprecio al ver a la joven prestando ayuda al herido.

-Porque a nadie más parece importarle – respondía ella con tristeza- le llamamos enemigo, pero es un hombre mortal como nosotros, que es lo que nos hace diferentes, por que debemos luchar?

-Luchamos o morimos, así son las cosas

-Pero qué sentido tiene una vida así?

-Sobrevivir, eso es todo

-No, si eso fuera todo nuestras vidas no valdrían nada, debe existir algo más, una esperanza de paz

-No sabes lo que dices, he visto ya muchos combates- recordando Eros que en su corta vida había presenciado tantos conflictos que le era difícil incluso recordar los tiempos antes de la guerra, la guerra era su vida- …aquel que habla de paz es asesinado por el que hace la guerra, no hay paz.

Tara lo miro a los ojos y pudo sentir una tristeza más profunda que los acantilados de los bordes del sur – La paz puede ser alcanzada, si no la paz entre los pueblos, si la de tu interior, veo que tu batalla más cruel es contigo mismo.

Eros no respondió, había algo de razón en las palabras de esa joven, huérfana de padre por las constantes luchas, era extraño que pensase de esa forma, ¿seria acaso que ella conocía la paz de la que hablaba? En el fondo Eros quería creer, o ¿era acaso que su vida era solo eso, pelear hasta que alguien mas le diera muerte?

En esos días Eros y Tara pasaron muchas horas juntos, no hablaban mucho pero se entendían, donde él veía un campo de batalla, ella miraba la hierba forzando por un espacio entre la roca; al llover él pensaba en lo complicado que se harían las marchas, mientras que ella se alegraba por los frutos que crecerían; así como cuando él vio un enemigo herido al que debía rematar, ella vio a un hombre sufriendo al que podía ayudar. Eros tenía un sentimiento que no conocía, se sentía bien y agradecido, deseaba dejar atrás su maldición, pero esta estaba atada a su destino.

Mensajeros llegaron con noticias de una avanzada por un paso lejano, Eros debía volver a la batalla.

-Me iré, pero será la última vez. He decidido que quiero estar en paz, la he encontrado en ti y quiero ver a donde lleva este camino que se aleja del fuego, a mi regreso y si tú me aceptas, te tomare como esposa.

-Te esperare así deba ver pasar todos los inviernos de esta tierra, tomare ese camino contigo.

Así partió Eros, guerrero de mil victorias, a una campaña mas, pero esta vez era diferente, había encontrado algo de verdadero valor, partía esta vez para defender sus sueños y esperanzas.

9.09.2012

La más Fugaz de las Esperanzas: Presentando a Dream


Cuando me preguntan sobre mis orígenes me resulta difícil de explicar, podría iniciar con mis padres, poco se de ellos, la mujer que me rescato del olvido me contó poco al respecto y mis recuerdos son vagos. De mi madre, dijo que me parecía mucho a ella pero que a la vez poseía mas los talentos de mi padre, fue más o menos lo que me repitió Gideon unos años después, pero me estoy adelantando, aquella mujer  me rescato de la “no existencia” según me dijo, tomo su esencia celestial para salvarme infundiéndola en mí, es algo que aun no sé explicar, supongo que nunca lo entenderé, la gente me mira de forma extraña cuando se los cuento. Aquella mujer me llevo muy lejos a través de lugares a los que no se puede llegar y por donde el tiempo no existe, eso es aun más complicado, pero el punto es que al final de ese viaje, me entrego a una joven pareja del campo que no podía tener hijos, mis segundos padres, a ellos les confió 4 objetos que luego me entregaron cuando era una niña pequeña aun, el medallón, la espada y los anillos. El medallón era para que yo supiera quién soy, la imagen tallada en madera es confusa pero estoy segura que tiene alguna relación con el sol (puedo sentirlo); los anillos son para que siempre recordara a mis verdaderos padres, son mi tesoro siento una conexión extraña en ellos y por eso siempre los traigo conmigo; la espada es el obsequio más extraño, según me dijeron mis padres, ese era un regalo de la mujer que me entrego, conocedora de mi origen dejo esa espada con el deseo de que nunca la llegase a usar, creo que habría sido más fácil dejar otro tipo de prenda si no quería que aprendiera su uso, sin embargo aun así, la dejo, no me gusta usarla pero el destino se encargo de eso después.