Las hadas de los sueños vuelan danzando entre los árboles,
se han estado reuniendo para un acontecimiento, la inquietud y el temor ante
los rumores las perturba a todas. Escondidas en el bosque se topan con los
pixies, un gigante parece también estar en los alrededores, los aldeanos de un
pueblo muy lejano así como aquellos que fueron salvados de sus captores
vampiros.
Un niño, cuya historia fue olvidada hace mucho tiempo camina
entre los diferentes seres, ve ángeles surcando los cielos, alguno conocido y
otros tantos desconocidos. Mira a la distancia y ve a una dama vestida de
negro, toca el harpa con magistral pericia emanando una melodía de tristeza y
melancolía que permea todo el bosque, el niño le habla pero la dama lo ignora, está
llorando y sus lágrimas se transforman en notas musicales a las que sus dedos
dan vida para expresar su pena.
Ve las hadas del bosque luego de retirar su atención de la
dama, no se había percatado, pero hay varias y muy diferentes, estaba un
sequito de la reina del bosque, pero a su vez estaban las habitantes de Luminia
que intercambiaban comentarios con sus semejantes, así mismo estaban las hadas
del mundo de los sueños, materializaciones mismas de sueños hermosos que han
volado a través de tantos mundos, también estaban los pixies que habían
emigrado siguiendo una flor por un arroyo para encontrar su nuevo hogar. Entre
los árboles, alcanza a ver a las dríadas, la dríada buena y la dríada mala,
ambas tratando de pasar desapercibidas, pero aun así atentas a lo que ocurría.
Ve a unos enanos acampando mientras discuten con el amable gigante, en otra
parte ve una tropa de gente muy diversa, un mediano, un gnomo y un elfo que
comparten el pan, otros hombres parecen refugiarse en las sombras de los
arboles ante el daño que les causa la luz, un unicornio presta atención
mientras vigila una carreta que se acerca despacio al lugar, transporta a tres
niñas.