-Esa debe ser la casa- dijo el experimentado caballero a su
compañero de jornada.
-si, aunque quisiera…. ¿Que es eso?- se interrumpió el más
joven.
Una niña abrió la puerta de la residencia, la pequeña
aparentaba unos ocho años humanos, aunque era bastante claro que tenía sangre
elfica en su herencia, la chiquilla recibió a los extraños con una sonrisa,
vestida como una princesa de cabellos dorados lista para una gala dirigió a sus
huéspedes hacia el interior de la casa.
-¿nos estará dirigiendo hacia lo que buscamos?- pregunto
Alastor.
-no exactamente, esperemos un poco mas y veamos que sucede-
contesto serenamente Vagrant.
El interior de la casa no correspondía al aspecto de la
semi-elfa, el polvo acumulado abundaba en el aire, ventanas empañadas de
suciedad, jarrones rotos, alguna que otra alimaña en los alrededores y una
ligera sensación a muerte, aunque dicha sensación era constante desde que se habían
aproximaron a las inmediaciones del pueblo en que se encontraban, un pueblo
fantasma.
-les prepare algo de té y también hice galletas y queso –ofreció
la pequeña con una sonrisa – tomen asiento por favor y disculpen el desorden,
pero hace tiempo que no recibo visitas.
