Otro mundo había caído…
en un tiempo distante, las cenizas de lo que fue se arremolinan en el caos, los vestigios de una era mejor son solo mitos alejados de toda memoria. Los sobrevivientes ahora son como animales que se devoran unos a otros, la ley del más fuerte impera y toda esencia de la justicia se ha perdido, la civilización ha dejado de existir y ahora solo unas pocas tribus mantienen una sombra de lo que fue la sociedad.
En una villa un niño huye aterrorizado, su pueblo ha sido saqueado y quemado, su padre yace muerto en una zanja con un cuchillo en la espalda, su madre y hermanas saciaran los deseos de los hombres y engendrarán a sus vástagos, ahora el ha sido descubierto y sabe lo que le espera, será objeto de una muerte maliciosa con la que los asaltantes se divertirán, tal vez apuesten sobre que tan fuerte gritara o cuanto tiempo sobrevivir con las piernas mutiladas, aquel niño tiene muchas razones para el terror, lo siente y huye.
El miedo influye e impulsa sus piernas, temeroso repite unas palabras que no comprende signo de la desesperación del momento, escucha a los perros que se aproximan rabiosos sobre él, ruega a los cielos por ayuda, pero no recibe respuesta a sus plegarias, nadie las ha recibido en mucho tiempo; sin embargo mientras busca entre los humos del mundo por una esperanza las fauces se aproximan, las garras están prestas y los ojos viciosos de las bestias lo vislumbran, es entonces que la esperanza responde.