4.24.2014

Aquel que pone a sus oponentes de rodillas

Rhay era un artista viajero, le gustaba pintar lienzos en trazos fugaces según le dictara su inspiración. Errante como era su costumbre, una vez se perdió en el bosque, había escapado de una banda de goblins, seres pequeños de la mitad de la estatura de un hombre, pero de rasgos maliciosos y piel rojiza, lo atacaron en grupo aislándolo para que uno de sus cazadores montado en un huargo le diera muerte, luego saquearían sus pertenencias en busca de oro y cualquier cosa que esas criaturas considerasen de valor. Pero Rhay era valiente e impulsivo, cuando se vio superado en número, emprendió la huida, no tenia forma de escapar de un huargo su gran velocidad no superaría a un cuadrúpedo entrenado para una persecución, la bestia y su jinete tenían la ventaja en tierra, así que ahí encontró su salida. Emprendió una carrera hacia un árbol con las fauces del animal tan próximas que sentía su aliento en la espalda, dio un salto y apoyo una pierna contra el tronco, empleo toda su fuerza para lograr un fuerte impulso y salto hacia otro árbol cercano, esta vez con la pierna opuesta y con más gracia que fuerza, salto nuevamente hasta las ramas superiores de otro árbol. Logro ver un par de flechas golpear la madera, pero no miro hacia atrás, saltando entre las ramas no tardo tiempo en perder a sus perseguidores; meditaba sobre lo que había pasado, ahora mientras volaba entre las copas del bosque y ya sin el peligro a la vista reflexiono y un pensamiento llego a su mente.


"esos no eran bandidos, era una patrulla"



Se detuvo de repente, noto algo muy extraño, estaba siendo observado, lo podía sentir, esa sensación de incomodidad que causan los ojos que te vigilan con cautela desde las sombras del bosque. Cerró sus ojos y relajo la respiración, sus oídos escuchaban el cantar de las aves, el viento silbando entre las hojas e incluso percibió algún siervo pastando a la distancia. Su nariz olía la fresca brisa del bosque y la humedad de la tierra. No buscaba esas señales, buscaba algo más elemental, más intangible y por lo tanto más difícil de ocultar. Rhay conocía los principios del ojo de la mente, aquello que permite ver lo que se encuentra oculto a la vista, no era un experto en ello, pero con las bases que su disciplina le había dado era capaz de sentir las presencias de aquellos a su alrededor. Lo fácil era sentir la vida que emanaba del bosque, los arboles, los pastos y las flores saturaban el lugar con su presencia, seguidas de los animales y los insectos, era un lugar lleno de vida y esplendor una vez que se lo podía ver de esa manera, así le resulto fácil saber cómo era que los espíritus del bosque se ocultaban tan bien. Se acerco a un arbusto con calma y retiro una de sus ramas, ahí vio a un hada.  


- no me lastimes viajero - suplico la pequeña con alas de insecto.


- no te hare daño - respondió el monje - es solo que me estoy ocultando de unos goblins.


- lo sé, lo vi todo, por eso mismo le he seguido.


- explícate.


- vera señor viajero, los goblins llegaron hace unos días a este bosque, son crueles con los animales que no se pueden defender, derriban cuanto árbol hay en su camino y envenenan los ríos para que los pueblos del valle no puedan sobrevivir sino es a cambio de oro para que dejen de hacerlo.


- se ve que es todo un problema - medito el cansado viajero - que han hecho para defenderse?


- lo que hemos podido, se reunieron los aldeanos, pero en los bosques son presa fácil. Los pastores y los guardianes acordaron expulsar a los goblins de estas tierras.... Pero.....


Rhay sintió una curiosidad, un presentimiento - pero qué?


- pero los goblins capturaron a la reina del bosque. Pobrecilla, solo intento advertirles que se fueran para evitar que se derramara sangre y se lo pagaron con una jaula de madera de uno de nuestros árboles sagrados.


- supongo que la asesinaran si alguien intenta algo es su contra.


- así es - dijo la voz chillona - pero existe una forma de liberarla.


Rhay esbozo una sonrisa, sabia a donde iría a parar todo eso.


- para humillarnos, dejaron a la reina en una jaula sobre una represa que construyeron, la dejaron ahí para que alguien fuese por ella, pero también dejaron a un orco muy fuerte, ha matado a todo aquel que ha ido a rescatar a la reina, se dice que es el campeón de las montañas y que busca derrotar al campeón del bosque.


- y quien es el campeón del bosque?


- nadie, estas tierras han sido pacificas desde hace siglos, la región entera se encuentra en armonía incluso con los hombres, por eso no hay quien le pueda hacer frente a ese orco. Si lográramos rescatar a la princesa los arboles y los hombres junto a los animales y las hadas y los espíritus de los elementos podríamos derrotarlos. Pero la reina es muy valiosa, se dice que su corazón es tan puro que cuando deje de latir las flores se marchitaran de tristeza. Por eso quiero pedirle que....


- no tienes que pedirme nada - interrumpió el viajero, se levanto y empezó a caminar- y bien?..... Me dirás por donde es?


- entonces nos ayudara?


- por supuesto, si algo no soporto es ver que alguien se aproveche de quien no puede defenderse.


Así emprendieron el viaje y al pasar por diversos parajes del bosque varias criaturitas les echaron el ojo, algunas de ellas les seguían temerosas entre la hierba, otras comprendían de lo que se trataba y esparcieron el rumor, de ave en ave y de flor en flor, pronto todo el bosque estaba al tanto y seguían los pasos del valiente que desafiaría al campeón de los villanos.



Pronto llegaron al rio, desde muy lejos se apreciaba la rudimentaria estructura que retenía al rio y sobre ella la enorme figura retadora.


Cuando se vieron finalmente a los ojos, ambos entendieron que eran parecidos, ambos eran peleadores y sabían todo lo que había que saber, ahí estaban ambos y la jaula en el otro extremo del dique.


Comenzaron a pelear únicamente con sus manos. Los puñetazos eran sutilmente desviados por Rhay utilizando el movimiento de todo su cuerpo para que la inercia de los golpes desbalanceara a su enemigo; el orco era menos grácil, utilizando la potencia de sus enormes brazos paraba de lleno las agresiones del viajero. Distaba mucho de ser un combate normal, el sonido del acero, del hierro o del broce estaba ausente, carne y hueso era lo que chocaba una y otra vez.


Rhay recibió un golpe justo en la boca de estomago, eso los hizo caer de rodillas en aparente merced. En ese instante se echo de espaldas e impulso sus piernas para describir dos amplios círculos a gran velocidad, dicho impulso lo puso de pie y mientras sus pies volaban, conecto dos violentas patadas en el rostro del orco que no esperaba semejante velocidad, fueron dos por la izquierda y una repentina tercera, pero el orco ya no estaba aturdido por el combo y cruzo sus brazos frente a él bloqueando la tercera patada, giro su muñeca y sujeto a Rhay. Lo tenía en sus garras y se disponía a azotarlo contra la estructura de madera, pero el monje logro colocar las manos contra el piso logrando una posición muy estable.


- no me sueltes - amenazo y comenzó una serie de golpes con su pierna libre, izquierda, derecha, izquierda, derecha y así en un pequeño lapso de tiempo, no sabría cuantas patadas conecto, pero consiguió no solo que lo soltara, también tenia al campeón de la montaña completamente desorientado.


Estaba exhausto, pero sabía que en un último ataque con suficiente presión podía terminar el encuentro. Empezó a cambiar su peso de un pie a otro con pequeños brincos flexionando mucho las rodillas, preparaba su cuerpo en elasticidad y velocidad para el asalto final. El orco conservaba su fortaleza, pero su defensa era débil, esa era su mejor oportunidad de terminar con él.


Avanzo en rápidas zancadas terminando con una patada horizontal que fue bloqueada, de improvisto todo su cuerpo cambio de balance continuando el ataque con el codo por el flanco contrario, dos golpes fueron lanzados y dos de ellos bloqueados. El orco estaba abrumado, no por la fuerza que era considerable, sino por la gran velocidad de la ofensiva, la flexibilidad y adaptabilidad de Rhay hacia que su mente y su cuerpo no siguiera sus propios deseos, estaba reaccionando a lo que el monje ofrecía, pero la ausencia de pausas no le permitía idear una contraofensiva, fue así que no vio el ágil rodillazo en el costado que lo hizo perder el equilibrio, rompiendo toda su defensa. El resto de la pelea fue difícil de seguir para aquellos que eran testigos de la hazaña, sin la resistencia del orco, los golpes y las patadas volaban, únicamente pudieron apreciar cuando las ráfagas terminaron para ser seguidas de la violencia de la patada final. Rhay dio un salto hacia atrás y se dejo caer con las manos de frente usándolas para ganar impulso al aire, dio una voltereta y su pie describió una media luna vertical de arriba hacia abajo golpeando con terrible potencia la estructura de madera.


- je je je, fallaste - se burlo el derrotado ex-campeón.


- error, conecte justo donde quería - Rhay corrió para tomar la jaula que contenía a la reina y con la velocidad del viento mismo se dirigió a la orilla del rio.


La estructura deficientemente construida por los goblins era todo menos resistente, sus primitivos principios de ingeniería, si se le puede llamar así, fueron suficientes para que la represa soportara la presión que el rio ejercía, pero era frágil, cualquiera que caminara por su superficie podía notarlo. Rhay sintió mucho más que la debilidad de la estructura, durante la pelea pudo sentir no solo la estructura bajo sus pies, sino también la fuerza del rio que ansiaba su libertad, así se percato de que no necesitaba destruir toda la represa, solo debilitarla y dejarla a cargo de los elementos.


El terrible crujir de la madera fue lo que lleno de horror al orco, era como una amenaza del bosque entero por los crímenes cometidos, aquel bastión era monumento a ello. Siguió el gran rugir de las aguas recuperando su cauce, recobrando sus dominios, el estruendo se escucho a leguas de distancia, seguramente acobardando los corazones de los invasores, la represa se rompió y estallo en astillas innumerables borrando cualquier rastro del campeón derrotado.



Lo que siguió escapa a mi conocimiento, si existió alguna recompensa por el rescate de la reina del bosque lo ignoro; si fue necesario el derramamiento de sangre, también lo ignoro; lo que si se, es que Rhay siguió su camino, no buscando recompensas ni grandes glorias, pero seguro que cuando se encontrara con la injusticia se volvería un héroe digno de canciones y cuentos, de admiración y devoción, quizá su historia sea más que sus logros y sus victorias, quizá su legado sea el valor que necesitamos cuando enfrentamos dificultades, después de todo al principio, ese héroe de relato, inicio como un pequeño niño que buscaba sencillamente hacer el bien para los demás, pero esa historia se encuentra en otras páginas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario