El pozo es peligroso,
la razón por la que es tan peligroso es que ahí se recoge el agua tan necesaria
para el pueblo y debe ser visitado a diario, eso le da a "el" muchas
oportunidades.
Mucho tiempo el agua
era traída de los ríos cercanos por las mujeres para el uso diario, pero eso
era muy inconveniente, las sequias hacían que la gente padeciera y el peligro
era latente cuando habían niños pequeños, pues lo lobos eran audaces. Con el
tiempo se crearon los pozos, algunos eran manantiales naturales, otros eran
construidos por los hombres para llegar a los lechos subterráneos, así podían
abastecerse del vital liquido en toda época del año.
Matt'Suu tenía cerca
de once años y era el elegido en su hogar para acarrar los cubos que eran
necesarios para su casa. A veces su amiga Aria lo convencía e incluso casi lo
obligaba a ayudarle a llevar agua extra para algunos de los vecinos del pueblo
para así facilitarles un poco el "que hacer" diario, sin duda era un
alivio para Matt cuando podía cumplir su labor sin que Aria se diera cuenta, le
gustaba la sensación de ayudar, pero le gustaba más el tiempo libre para ir a
jugar o simplemente meterse en problemas con el sacerdote de la región.
Un día común y
corriente Matt saco dos cubos de agua muy temprano, el sol apenas se filtraba
por las montañas y la noche abandonaba los cielos, se había levantado
especialmente temprano para acabar todas sus labores de los establos y así
disponer fácilmente de dos terceras partes del día. El pozo era especialmente
llamativo, en muchas ocasiones su madre y Aria le decían: "no te asomes al
pozo porque te puedes caer", pero la curiosidad e imprudencia infantil lo
dominaban, estaba seguro de que algo había ahí abajo algo que...
- auxilio, hay alguien
ahí arriba? !!
No daba crédito a lo
que escuchaban sus oídos era la voz de una niña, no distinguía de quien pertenecía
la voz, miro en derredor buscando la nebulosidad que acompañaba los sueños,
pero no estaba soñando el grito se escucho de nuevo.
- Auxilio!!! Estoy atrapada!!
- Hola!! Quien?!
- Soy Lyla!! La hija del herrero!!
A Matt se le paralizo
el corazón por un instante, la bella hija del herrero siempre le dibujaba una
sonrisa con solo unas pocas palabras. La había conocido desde siempre, pues
eran de la misma edad y el pueblo era muy pequeño, pero fue hasta hacia unos
pocos meses que la había notado como una jovencita. Matt aspiraba el trabajo en
la forja, las espadas y las armaduras siempre despertaban su imaginación y admiración,
así que sus padres habían logrado que el herrero lo tomara de aprendiz, pero no
aun, todavía era muy pequeño para la dura labor, así que de cuando en cuando
iba por instrucción de su padre para conservar el favor de su futuro maestro.
Fue en una de esas visitas que se fijo en Lyla la hija del herrero, deslumbrante
visión fue aquella, la chiquilla estaba encendiendo la forja mientras su padre
regresaba con unas menas de hierro para obtener material, ella se dio la vuelta
justo en el momento en que la respiración del horno exhalaba pequeñas brasas al
interior de todo el taller y así por primera vez, sus ojos se encontraron con simpatía
mutua, simpatía que con el tiempo podía llegar a crecer en un sentimiento más
fuerte.
- Como...? Espera voy
a arrojarte el cubo con la soga - le dijo Matt dubitativamente.
- no funcionara, estoy
atrapada. Ve por algún adulto para que me ayude.
El recién descubierto
orgullo masculino de Matt se vio ofendido, lo acababan de degradar a un pequeño
que tenia de ir corriendo a las faldas de su madre para cualquier cosa. Pero no
seria así, ya había hecho cosas similares con sus hermanos, usar una soga para
subir a los arboles o a la montaña, el pozo no debía ser diferente. Tanteo la
resistencia de la cuerda que estaba atada al cubo para subir el agua así como
los nudos en ambos extremos, busco valor en sus recuerdos, esa carita manchada
con carbón y rodeada de brasas, aquel fuego que parecía rodearla e iluminar su
infantil belleza.
Comenzó a bajar a la
oscuridad, a lo hasta entonces desconocido. La humedad hacia resbalosos los
muros y el aire tenía una sensación casi desagradable, no era motivo de alarma,
pero todos esos pequeños detalles se acumulaban en un barril en su cabeza y
sabia que al desbordarse, esos malestares se transformarían en miedo, pero tenía
que ser valiente, ya no había retorno, no uno en el que no terminara viéndose
como un cobarde.
Cuando parecía llegar
al nivel del agua, descubrió una cavidad en la pared, ahí se encontraba Lyla. Encontró
a la niña perpleja, le encantaría tratar de grabarse la expresión de su rostro,
pero apenas era visible entre las sombras, seguro estaría sonriendo complacida.
Se amarro lo mejor que pudo y le explico que tendrían que "caminar"
por la pared, la abraso por la espalda y comenzaron a subir, todo parecía salir
bien hasta que sintieron un fuerte tirón que ocasiono que la soga se rompiera y
cayeran a la oscuridad del pozo.
- algo me agarro la
pierna - expresaba Lyla presa del pánico momentáneo al tiempo que ambos
perturbaban las profundidades inexploradas de aquel pozo - una garra.
- grrrrrrrrr jajajaja
- sonaba el eco en el fondo del pozo, el sonido de una bestia intentando hablar
el lenguaje de los hombres - no saldrrrrran de mi pozo.
La figura parecía
elevarse sobre el agua de una manera similar a lo que se esperaría si el nivel
de agua fuera muy bajo, sin embargo Matt sabia que el fondo estaba aun muy
profundo bajo el agua, él y Lyla estaban nadando ahí. Un inmundo olor empezó a
ser percibido por sus narices al tiempo que el monstruo chorreaba liquido por
todo su pelaje, se mantenía erguido en sus patas traseras muy similar a los
osos cuando hacen un gesto amenazador, pero no era un oso, eso era mucho más
pequeño y delgaducho, casi famélico y ese desagradable olor a pelo mojado.
- comida....
GrarrrrrrWarrrrr
Matt no daba crédito a
lo que sus ojos veían el pozo era un lugar de uso diario como para que una
bestia así viviera en el fondo, simplemente no podía ser, la podredumbre que despedía
dicho animal habría contaminado el agua y alguien tendría que haber buscado la
causa de ello. No lo creía, pero eso no importaba ya, el animal mostraba las
fauces y otro olor nauseabundo impregnaba la ya vomitiva atmosfera. Súbitamente
Matt tomo a Lyla de la mano y la llevo al agujero, ahí al menos podrían pisar
firmemente.
El gnoll se sumergió hasta
el hocico como lo hacen los lagartos, esperaría, esperaría por la carroña,
lentamente ya fuera por el agua o el hambre, sus presas morirían y
eventualmente comenzarían a pudrirse, era en ese momento cuando el pelo se sus
cuerpos fuera ya quebradizo y se desprendiera, cuando la carne de sus huesos
colgara de estos ya purpurea por la sangre muerta, sería entonces cuando esa
bestia que parecía estarse descomponiendo en vida compartiría su festín con los
gusanos y otras alimañas.
Matt lo presentía y
posiblemente Lyla también, el miedo era latente, el olor no era suciedad, ese
olor era el olor de la maldad. No existía ruta alguna de escape, solo les
quedaba mirar por ese pequeño cielo que se alcanzaba a percibir por la boca del
pozo y esperar.
No supo cuanto tiempo
paso, pero comenzó a escuchar esa simpática voz regañona en el exterior, era
Aria, seguramente con algunos de sus amigos en una de sus colectas masivas de
agua para la comunidad.
- Auxilio!!! -
gritaron al unísono y una pequeña sombra obstruyo el pequeño cielo.
No esperaron respuesta
- rápido sáquenos de aquí!!! Hay un monstruo!!
Aria no tuvo dudas, no
de momento al menos, de inmediato tomo la soga y se percato de que estaba rota,
rápidamente le pidió al más veloz de los presentes que fuera con el alfarero,
su taller estaba muy cerca y sabia que tenía una soga apropiada para la
emergencia, todos los presentes intentaban ver a la figura en el fondo donde la
luz se encontraba ausente.
El momento era eterno,
como si el tiempo se mantuviese también a la expectativa. Matt escuchaba el
ruido de la tosca respiración del chacal y veía un par de lucecillas, no supo
si se trataba de los ojos de la bestia o si era alguna alucinación causaba por
la paranoia. Escucho un ruido muy tenue, eran gritos, pero se escuchaban
lejanos, era como si el pozo se hiciera más y mas profundo, se quedarían ahí
hasta morir para ser devorados por aquel hombre-bestia? Tal vez así seria si
solo se tratase de Matt, pero la presencia de Lyla le daba fuerzas, pelearía
para protegerla y en última instancia....
Los ecos del exterior
eran apenas murmullos , el silencio reino hasta que fue roto por el sonido del
agua al romper con del cubo que los niños ataron a la cuerda, era su vía de
escape. Matt tomo por la mano a Lyla y sigilosamente la condujo al agua, no tenía
idea de donde se encontraba aquel monstruo, después de todo no lo vieron
aquella vez sino hasta que les impidió la salida. Se sujetaron fuertemente
apenas moviendo unas pocas ondas en la superficie, jalaron un poco a manera de
señal, los gritos cada vez más lejanos del exterior continuaban y entonces
comenzaron a subir.
Nuevamente el gnoll salió
de la nada y se aferro fuertemente a una de las piernas de Matt, este sintió un
fuerte dolor, como seguro lo sería si una flecha le hubiese atravesado la
carne, así debía sentirse ese insoportable dolor.
- gwaarrrll, así así,
trrrrraerlos a todos- gruñía el gnoll - tus amigos son leales, no soltarrrran
la cuerrrrda, los arrrrrastrare a todos al fondo, se pudrrrrriran todos juntos
y yo comerrrre wrrrruuuuaajajaj.
Había verdad en esos
intentos de palabra, el ascenso prácticamente se había detenido, era demasiado
peso, Matt sabía que ahora todos corrían peligro como el monstruo advirtió,
solo se le ocurrió una salida. No tuvo tiempo siquiera de pensarlo, fue una rápida
reacción, solo le dijo a Lyla al tiempo que una lágrima de despedida caía por
su mejilla:
- No te vayas a
soltar....
Entonces se soltó llevándose
consigo aquella amenaza y eso fue todo.
Desde entonces nadie
ha visto a Matt ni sabido del gnoll. En los días siguientes se realizaron búsquedas
dentro del pozo y en los bosques cercanos para encontrar al niño perdido, pero
nadie dio con él, simplemente se había esfumado. Los niños acusaron al gnoll,
pero ningún adulto les creyó, sobre todo luego de que en el pozo no se
encontraron rastros de él.
Con el tiempo el
pueblo volvió a la normalidad, pero Lyla seguía buscando en el reflejo del agua
a aquel que desinteresadamente le había salvado la vida a cambio de la suya.
Lleno su cubo y se fue a casa, el día siguiente lo volvería a buscar con la
esperanza de ver en el agua una respuesta a sus plegarias y así mientras
conservara esperanzas.
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