Esta es la memoria de
un hombre valiente, lo conocí en los días negros, un maestro en las artes del
combate.
No puedo negar que al
principio lo odiaba, pues lo consideraba parte del grupo de salvajes que nos mantenía
cautivos, fue solo con el pasar del tiempo que me di cuenta de que él era uno más
de nosotros, era otro prisionero.
Tanto temía esos
rostros reflejantes de un espíritu quebrado, aceptando los designios de los
amos y alejados de toda luz, sin esperanza alguna, la aceptación de que no eran
más que objetos muchas veces menos valiosos que las bestias de carga. El
maestro de armas era uno más, nunca supe mucho sobre su pasado, pero
seguramente compartía al igual que la mayoría, el que en algún momento su
libertad fue arrebatada por los gnolls y con el pasar de las lunas su espíritu
fue derrotado con la fuerza del látigo y el peso de las cadenas. Su función era
entrenar a los que lucharían y morirían en las arenas para el entretenimiento
de quien pagase por tan grotesco espectáculo, nos enseño a defendernos a pesar
de nuestra renuencia a aceptar el tener que pelear por tan absurda causa,
recuerdo en sueños muy lejanos haber tenido un entrenamiento muy parecido, pero
este era más rudimentario y "era real".
Fue el día en que nos
dimos a la fuga, cuando Edrick salto en la arena desde las gradas para
liberarnos, que su suerte cambio. Por diversas circunstancias Sergain se vio
envuelto en la lucha, resultando herido de muerte y en sus últimas palabras
denotaba la ausencia de esperanza, esperanza que ese lugar había disipado, quería
que escapáramos dejándolo ahí.
Fue en ese momento que
Genn´Ziot se inclinaría sobre él y llamando al rayo del sol lograría sanar la
letal herida, pero más importante, le insto a no rendirse a continuar y
reencontrarse con la esperanza, que era tan escasa en esos lares. A partir de
entonces Sergain recupero parte de quien era, había renacido en cierta forma y
se convirtió en un amigo muy importante, leal y valiente, nos ayudo a abrirnos
paso entre muchos peligros sin protestar o mostrarse renuente, tal vez aun sin
estar de acuerdo con las decisiones de su líder. Al combatir entre orcos para
ayudar a las hadas del bosque peleo con la técnica que había depurado en los
años de encierro, esta vez sin embargo era muy diferente, esta vez su lucha tenía
un propósito más noble, nunca supe si lo compartía o no, supongo que me gustaría
creer que así lo fue, pero como haya sido, el maestro se mantuvo en el frente
como otro de los valientes que me acompañaron, su participación fue muy
importante al adentrarnos en las bases enemigas, fue él quien me saco de ahí,
de la peor de las derrotas que he enfrentado, demasiada es la pena que tengo
sobre esos acontecimientos para escribir mas sobre ellos, pero si entre los
orcos se conserva la tradición de la palabra entonada o escrita, seguro es, que
en más de una de ellas figuren versos dedicados a aquel desconocido que hacía
del combate un arte, que se doblaba como la hierba que se adapta al torbellino,
una danza impredecible para sus enemigos que podrían jurar que sus brazos eran
del doble de largo del cuerpo de los hombres comunes y si no existen tales
historias, seguro se conservara el testimonio de aquellos que lograron escapar
y que seguramente temen aun en la seguridad de sus fortificaciones que un día
de entre las sombras de la maleza aparezca Sergain Lanza Danzante y entonces sabrán
que las empalizadas y la brea ardiente no serán suficiente para detenerlo, que
de su lanza no hay escape alguno, pues se mueve con la velocidad de la cobra y
que chocar espadas contra él será inútil, puesto que no se trata de un guerrero
mas, se trata de un hombre que ha renacido en espíritu junto con el sol del
alba y que todas las guerras que haya luchado soldado alguno no se comparan con
los años y las centenas de gladiadores que fueron por el entrenados, es aquel
que resistió el yugo de los opresores, que en él tal vez crearon su peor
amenaza, un hombre cuyos dedos se extienden tanto que igual daría que se
trataran de flechas, pues su lanza es una extensión de el mismo y ellos saben
bien de quien se trata, tal vez no conozcan su nombre, pero cuando lo vean reconocerán
al hombre, que no es un guerrero ni un gladiador, sino alguien mucho más
peligroso para esos seres malignos, es un maestro de armas y como él no habrá
orco, gnoll o goblin, que siquiera pueda acercársele lo suficiente antes de ser
abatido en una Danza con Sergain.
La última vez que lo
vi, fue en las cavernosas ruinas de lo que fuera una ciudadela de enanos,
corrimos nuevamente muchos peligros, al final el maestro de armas tomo con determinación
una decisión, se sacrificaría abandonando su lanza para que el resto de
nosotros logramos salir de la montaña. Se dice que un guerrero sin su arma es
un guerrero que ha sido derrotado, sabiendo esto, tome su lanza y mas con fe que
con fuerza, la arroje de regreso a las profundidades, esperando que haya sido
recibida por la mano que con habilidosa pericia la había llevado hasta entonces
a la batalla. Como muchas de otras historias, de esta desconozco el final,
algunos podrían decir que aquel maestro del combate se perdió por el resto de
sus días en los laberintos de las entrañas de la montaña, pero ellos no lo
conocieron, no sé qué fue de él, pero estoy segura de que sus ojos lograron ver
nuevamente el amanecer y quien podría negar que en los días que siguieron tal
vez haya encontrado paz, tal vez tu lo hayas visto como un forastero errante
buscando un asentamiento para alojarse, o en los alrededores de un bosque
manteniendo alejados a los gnolls y a los orcos, lo que sí es seguro es que mis
palabras son pocas para contar la historia inconclusa de Sergain Lanza
Danzante, Maestro de Armas.

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